martes, 16 de noviembre de 2010

Menores institucionalizados (Conferencia)

Cuando un menor se institucionaliza, y pasa a vivir con una familia de acogida, los educadores sociales hacen todo lo posible por que no se rompan los lazos que existen entre su familia biológica y él.
Y a mí, la verdad, nunca me ha quedado claro del todo la necesidad de hacer eso. Y no me ha hecho mucha gracia, la verdad.
Soy partidario de las segundas oportunidades. Pero a veces, no.
El menor es el eslabón más débil de la cadena. De todos los que salen perdiendo en ese proceso (si sale mal, claro), el menor es el que más herido queda, porque, por norma general, es el que más indefenso se encuentra. Por ello creo que el Estado debe protegerlo a toda costa, y por encima de los demás. Porque es su responsabilidad.

Pero en la conferencia, de repente, me di cuenta de lo equivocado que estaba. La ponente nos hizo la siguiente reflexión: “Si no se sanan los vínculos dañados (del menor con la familia biológica), todas las futuras relaciones de identificación se establecen con desconfianza”.

Una vez leí en un libro (“Las cinco personas que encontrarás en el cielo” de Mitch Albom) que durante la infancia y la adolescencia las personas son como un cristal muy limpio: cada mínimo roce deja marcada una profunda huella que no se borra con facilidad.

Y eso me recordaba justo a lo que se nos dijo en la charla: es importante curar las heridas durante esa etapa vital, porque si no cura correctamente, las cicatrices pueden cargarse todas las futuras relaciones sociales que intente establecer el individuo.

1 comentario:

  1. Me alegro de que la conferencia te haya sido útil para la reflexión y el aprendizaje. Jose

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