“El dinero es una zorra que nunca duerme”. Lo leí en un periódico hace unos días, y me impactó. Y por eso he querido empezar así este post.
Volvamos a donde lo dejamos en el post anterior: el odio xenófobo. El racismo.
En este caso, el racismo hacia un colectivo entero (la comunidad de gitanos rumanos).
Estoy convencido, desde lo más hondo de mí, de que el racismo en sí viene determinado por el dinero. Son los colectivos o grupos étnicos pobres los que sufren racismo. A nadie, capitalistamente cabal, se le ocurriría discriminar a los suecos. O a los alemanes. Sin embargo, es fácil discriminar a los rumanos en general (Rumania es de los países más pobres de la UE ) o a los africanos.
Sin embargo, siempre hay excepciones. Nadie discriminaría a Obama, (Presidente de los EEUU), ni a Michael Jordan, (leyenda del baloncesto), por muy negros que sean. Y es que el dinero blanquea al negro, y hace guapo al feo. Es el problema que tiene este sistema en que vivimos.
Y, lógicamente, una comunidad entera de inmigrantes pobres es el blanco perfecto. Para las críticas, para el trato insensible, para el desprecio y hasta la violencia.
Los pobres huelen mal. La pobreza no huele a Dior, ni a Channel número 5. Huele al sudor del trabajo y a lágrimas, a miedo, a desesperación y a demasiada mierda acumulada en la piel y en la dignidad.
Los pobres son una realidad incómoda, que estropea las calles y que queda mal en la portada de los periódicos. Son pobres porque no tienen dinero, y por no tener dinero tienen el acceso a los puestos de trabajo muy restringido. Como no tienen trabajo, roban para sobrevivir (el instinto de supervivencia saca lo más animal que cada hombre lleva dentro). A veces cometen barbaridades. Y eso acarrea problemas de convivencia.
Son discriminados sin piedad por la sociedad que (no) los acoge, y se saben discriminados, por lo que se mantienen, obedientes, al margen. No cambian porque nadie espera que cambien, porque han bajado la cabeza, tantas veces apaleada por el resto del mundo. No los dejamos que cambien.
Al fin y al cabo… los rumanos son todos unos ladrones ¿no?
Es una entrada redonda, perfecta. Muy bien redactada y has traído y te has apropiado muy bien lo que hemos hablado esta mañana en clase. Sigue así. Jose
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