martes, 16 de noviembre de 2010

Infancia desfavorecida

Hace unos días tuvimos una conferencia sobre “Infancia desfavorecida”.
Nos hablaron de cómo funciona el sistema de protección de menores, y del acogimiento familiar.

Sin embargo, no puedo quitarme de la cabeza lo que una vez, hace ya varios años, le oí contar a una buena mujer. Era la madre superiora de una de las muchas órdenes religiosas que trabajan en los países más pobres del mundo. Ella se encargaba de administrar un centro en el que se acogía a los miles de niños (y sobre todo, niñas) que eran abandonados en la calle, al lado de contenedores, o en vertederos.
Decía que los medios eran tan escasos que a veces, por la noche, tenía que pasearse entre las cunas, para ver cuáles de los niños tenía más posibilidades de sobrevivir (algunos los encontraban moribundos), y cuáles no, porque no había comida para todos. La mujer lo contaba llorando. Yo apenas tendría seis años, pero tengo grabada esa cara de dolor en mi memoria. Muy hondo.
Recuerdo que mi padre le preguntó que cómo era capaz de hacer aquello, que él no hubiera sido capaz. Y ella le dijo que tenía que hacerlo, que no le quedaba otra opción, porque si no lo hacía se morirían todos.

Nosotros hablamos de infancia desfavorecida en nuestro país, y me parece esencial que la protejamos como la hacemos, pero… No perdamos de vista el marco de referencia.
Porque a veces, nuestras labores se quedan absurdamente pequeñas (y egoístamente intraestatales).

1 comentario:

  1. Entiendo lo que sientes y tu reflexión. Pero no podremos cambiar nada si no damos pequeños pasos, sin perder la perspectiva, pero pequeños pasos. Sólo así todo tendrá sentido. Si abarcamos mucho y no vemos frutos de nuestro trabajo es fácil desmoronarse. Jose

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