domingo, 28 de noviembre de 2010

Dinamismos.

Desde que entré en la carrera, he ido asumiendo que lograr la integración de una persona o de un colectivo es algo complicadísimo. Porque resulta que las personas son realidades complejas, al tratarse de organismos polifacéticos. Eso significa que el ser humano se maneja, a lo largo de s recorrido vital, por diferentes planos socio-afectivos.
Por lo tanto, cuando una persona cae en la exclusión, es porque le fallan muchos de esos planos (si falla uno, te apoyas en otro…lo hacemos todos). Y entonces: catástrofe. Porque el problema de exclusión está formado por un montón de “problemitas” que afectan a diferentes facetas del individuo. Por lo tanto, para lograr algo, hay que actuar desde muchos puntos de acción, abarcando todas las problemáticas existentes.
Hasta ahí, la cruda realidad.

Pero me ha encantado el enfoque que se le ha dado en clase: darle la vuelta.
En el momento en que se aborda uno de os problemas, se rompe la dinámica circular descendente de exclusión. Y a partir de ahí, empieza la mejora. Aunque sea simplemente una transformación del problema (y no se llegue a la resolución del mismo), eso ya hace al sujeto salir de ese círculo vicioso.

Por lo tanto, la “gran y difícilmente tratable” exclusión resulta que tiene muchas pequeñas puertas de acceso. Como el invencible Aquiles tenía su talón. Igual. Sólo hay que saber atacar.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Marginación y exclusión.

"Trata a una persona como lo que es y seguirá siendo lo que es.
Trátala como lo que puede llegar a ser y se convertirá en todo lo que puede ser."

Si marginamos, acabarán siendo verdaderos marginados.
Cada actitud, cada comentario cuenta.

¿Y si el problema de la exclusión resulta que nace por culpa de los "incluidos", que empiezan a tratar al resto como excluidos?

lunes, 22 de noviembre de 2010

Marginación y exclusión.

Las palabras tienen más poder del que a veces les otorgamos. Están llenas de matices e implicaciones, que sólo es posible apreciar si se conoce el contexto y la realidad social en que se usan.
En clase hemos analizado diferentes palabras que, aunque aparentemente sean sinónimos, tienen en realidad significados muy diferentes:

Cuando hablamos de inadaptación, estamos haciendo referencia a una situación permanente, en la que la culpa de la misma recae sobre el individuo/ colectivo.
Sin embargo, si hablamos de desadaptación, entendemos que la situación es transitoria, y situamos las dificultades en la relación recíproca que se establece entre el individuo y el medio social.
Si se habla de marginación, se hace referencia al ambiente, siendo el ambiente el que margina, y el individuo el que es marginado.
La exclusión implica una visión que establece una separación entre el individuo o colectivo y las oportunidades a las que tiene acceso (y a las que otros individuos/ colectivos sí pueden acceder).

martes, 16 de noviembre de 2010

Infancia desfavorecida

Hace unos días tuvimos una conferencia sobre “Infancia desfavorecida”.
Nos hablaron de cómo funciona el sistema de protección de menores, y del acogimiento familiar.

Sin embargo, no puedo quitarme de la cabeza lo que una vez, hace ya varios años, le oí contar a una buena mujer. Era la madre superiora de una de las muchas órdenes religiosas que trabajan en los países más pobres del mundo. Ella se encargaba de administrar un centro en el que se acogía a los miles de niños (y sobre todo, niñas) que eran abandonados en la calle, al lado de contenedores, o en vertederos.
Decía que los medios eran tan escasos que a veces, por la noche, tenía que pasearse entre las cunas, para ver cuáles de los niños tenía más posibilidades de sobrevivir (algunos los encontraban moribundos), y cuáles no, porque no había comida para todos. La mujer lo contaba llorando. Yo apenas tendría seis años, pero tengo grabada esa cara de dolor en mi memoria. Muy hondo.
Recuerdo que mi padre le preguntó que cómo era capaz de hacer aquello, que él no hubiera sido capaz. Y ella le dijo que tenía que hacerlo, que no le quedaba otra opción, porque si no lo hacía se morirían todos.

Nosotros hablamos de infancia desfavorecida en nuestro país, y me parece esencial que la protejamos como la hacemos, pero… No perdamos de vista el marco de referencia.
Porque a veces, nuestras labores se quedan absurdamente pequeñas (y egoístamente intraestatales).

Menores institucionalizados (Conferencia)

Cuando un menor se institucionaliza, y pasa a vivir con una familia de acogida, los educadores sociales hacen todo lo posible por que no se rompan los lazos que existen entre su familia biológica y él.
Y a mí, la verdad, nunca me ha quedado claro del todo la necesidad de hacer eso. Y no me ha hecho mucha gracia, la verdad.
Soy partidario de las segundas oportunidades. Pero a veces, no.
El menor es el eslabón más débil de la cadena. De todos los que salen perdiendo en ese proceso (si sale mal, claro), el menor es el que más herido queda, porque, por norma general, es el que más indefenso se encuentra. Por ello creo que el Estado debe protegerlo a toda costa, y por encima de los demás. Porque es su responsabilidad.

Pero en la conferencia, de repente, me di cuenta de lo equivocado que estaba. La ponente nos hizo la siguiente reflexión: “Si no se sanan los vínculos dañados (del menor con la familia biológica), todas las futuras relaciones de identificación se establecen con desconfianza”.

Una vez leí en un libro (“Las cinco personas que encontrarás en el cielo” de Mitch Albom) que durante la infancia y la adolescencia las personas son como un cristal muy limpio: cada mínimo roce deja marcada una profunda huella que no se borra con facilidad.

Y eso me recordaba justo a lo que se nos dijo en la charla: es importante curar las heridas durante esa etapa vital, porque si no cura correctamente, las cicatrices pueden cargarse todas las futuras relaciones sociales que intente establecer el individuo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Debate de clase: inmigración rumana (2ªparte)

“El dinero es una zorra que nunca duerme”. Lo leí en un periódico hace unos días, y me impactó. Y por eso he querido empezar así este post.
Volvamos a donde lo dejamos en el post anterior: el odio xenófobo. El racismo.
En este caso, el racismo hacia un colectivo entero (la comunidad de gitanos rumanos).
Estoy convencido, desde lo más hondo de mí, de que el racismo en sí viene determinado por el dinero. Son los colectivos o grupos étnicos pobres los que sufren racismo. A nadie, capitalistamente cabal, se le ocurriría discriminar a los suecos. O a los alemanes. Sin embargo, es fácil discriminar a los rumanos en general (Rumania es de los países más pobres de la UE) o a los africanos.
Sin embargo, siempre hay excepciones. Nadie discriminaría a Obama, (Presidente de los EEUU), ni a Michael Jordan, (leyenda del baloncesto), por muy negros que sean. Y es que el dinero blanquea al negro, y hace guapo al feo. Es el problema que tiene este sistema en que vivimos.

Y, lógicamente, una comunidad entera de inmigrantes pobres es el blanco perfecto. Para las críticas, para el trato insensible, para el desprecio y hasta la violencia.
Los pobres huelen mal. La pobreza no huele a Dior, ni a Channel número 5. Huele al sudor del trabajo y a lágrimas, a miedo, a desesperación y a demasiada mierda acumulada en la piel y en la dignidad.
Los pobres son una realidad incómoda, que estropea las calles y que queda mal en la portada de los periódicos. Son pobres porque no tienen dinero, y por no tener dinero tienen el acceso a los puestos de trabajo muy restringido. Como no tienen trabajo, roban para sobrevivir (el instinto de supervivencia saca lo más animal que cada hombre lleva dentro). A veces cometen barbaridades. Y eso acarrea problemas de convivencia.
Son discriminados sin piedad por la sociedad que (no) los acoge, y se saben discriminados, por lo que se mantienen, obedientes, al margen. No cambian porque nadie espera que cambien, porque han bajado la cabeza, tantas veces apaleada por el resto del mundo. No los dejamos que cambien.
Al fin y al cabo… los rumanos son todos unos ladrones ¿no?

miércoles, 3 de noviembre de 2010

A VUELTAS CON LOS ESTEREOTIPOS (vídeo inmigración población rumana)

La mente humana utiliza una serie de recursos para adaptarse al medio en el que debemos insertarnos. Uno de esos recursos es el razonamiento heurístico. Este recurso consiste en un “atajo cognitivo”, es decir, que el cerebro utiliza información almacenada en situaciones anteriores para evitarse, ante una nueva situación dada, tener que realizar todo el proceso mental que implica el conocimiento.
Fruto de esta herramienta podemos encontrar muchas actuaciones que realizamos en la vida diaria. Ahí es donde aparecen los estereotipos.
En cierto modo, el estereotipo no es malo. Nos permite reaccionar ante sujetos o situaciones que se nos cruzan de forma imprevista. El estereotipo parte de un conocimiento superficial de la realidad, o de la información almacenada en nuestra memoria que fue extraída de situaciones anteriores. Como digo, esto no es negativo. Se me ocurre el siguiente ejemplo: Nos encontramos en un callejón oscuro, a medianoche, a un individuo que sale de entre las sombras y se acerca a nosotros con una navaja en la mano. Nuestro razonamiento, utilizando la heurística, nos incitaría a salir corriendo a toda velocidad. Sin embargo, si careciésemos de él, nos veríamos allí, tranquilamente, esperando a conocer al hombre de la navaja, y hasta que no se diera el caso, no saldríamos a correr. Y puede que el buen hombre sólo haya sacado la navaja para pelar una naranja. Pero nuestra mente, siguiendo la imagen que tantas veces hemos visto en la televisión o en las noticias, asociaría esta situación como una situación de posible atraco, y que encierra un peligro para nosotros, por lo que nos incita a correr.

Sin embargo, el estereotipo a veces se convierte en prejuicio (que nos habla del aspecto negativo de las personas partiendo de las diferencias que se establecen entre los grupos humanos y que se consideran negativas), y el prejuicio desemboca en una actitud xenófoba o excluyente.

Por eso, el vídeo sobre la comunidad rumana que vimos el otro día en clase, me incita a llamar la atención sobre el razonamiento heurístico, o sobre los estereotipos. Tengamos cuidado. Los medios de comunicación pueden crear en nuestras mentes, al margen de nuestra voluntad, una serie de atajos cognitivos que acaben por formar en nuestra mente una imagen manipulada (y peor, socialmente dada por válida) acerca de personas, colectivos o incluso sociedades enteras.
Así que tengamos cuidado. Y un juicio crítico. Que si no, podemos caer en una de las trampas más gordas de la humanidad: La del odio xenófobo.