La realidad tiende a la dualidad. Con respecto al tema de mayores, se da de forma inexorable. La población está dividida entre los mayores que se quedan en casa, y los mayores que van a residencias. Dentro de este segundo sector están los que van a las residencias privadas, frente a los que van a las residencias públicas. Dentro de cualquier residencia, al margen de su privacidad, se da una dualización entre los mayores dependientes y los no-dependientes. Y en este ámbito es muy curioso, pero no suele establecerse una diferenciación. Se juntan los dependientes con los no dependientes. A lo sumo se hace como en la residencia de asistidos de Montequinto, que se separan por plantas según el grado de dependencia, pero no mucho más. Y esa es una de las grandes pegas del sistema de residencias actual. Utilizamos la vejez como requisito y como “símbolo del colectivo”, cuando en realidad creo que la edad, igual que el sexo, es una variable. Así lo entiendo yo, al menos. Es una tontería crear residencias para “mayores”, cuando por el simple hecho de ser mayores, no se necesita una residencia. Es como crear residencias para rubios. Sin embargo, sí se necesitan residencias para personas dependientes, para personas que no quieren vivir solas, etc. Aunque como variable común se presente el hecho de que gran parte de ellas son de avanzada edad. Así, las residencias serían más efectivas si se organizaran, por ejemplo, en función del nivel de dependencia. O de la carencia de redes sociales.
Y por último, hablar de por qué las residencias se ven como algo terrible. Creo que las personas mayores ven como algo negativo el irse a una residencia por el familiarismo tan exacerbado que hemos vivido. Ahora, con la entrada en crisis de los modelos familiares tradicionales, las funciones de la familia se ven puestas en tela de juicio. Pero antes se tenía muy claro que la familia era quien cuidaba a los mayores (sobre todo aquí en Andalucía). Eso de que a los mayores los cuiden extraños se sale fuera de los patrones sociales de funcionamiento en los que han sido educados nuestros abuelos y abuelas. Por eso creo que es, simplemente cuestión de tiempo. A que se asienten los nuevos roles y competencias de las familias. Y entonces se empezará a considerar la opción “residencia” como una muy positiva y muy válida (aunque para ello también tendrá que evolucionar el funcionamiento y la organización de las residencias).
Buenas reflexiones, merecería la pena ampliar lo que planteas hacia una propuesta concreta y explorar al menos en teoría adónde podría conducirnos ponerla en marcha. Muy buena entrada, Jose
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