domingo, 10 de abril de 2011

Cegueras y discapacidades

Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente. Dudo que sea la verdad. La temática de la charla de hoy me ha impactado enormemente. Siempre he sabido que “discapacidad física” no siempre es igual a una silla de ruedas, sin embargo de forma inconsciente hacía esa conexión. Sabía que había personas ciegas en la sociedad, pero nunca me paré a tomar consciencia de lo que significa no ver. No ver el sol, ni distinguir el día de la noche, ni ver la cara de las personas con las que se habla. No ver el propio reflejo, ni poder saber de qué color del pantalón que se lleva puesto. No poder ver el arte, ni los paisajes, ni una película. Es muy duro.
Y sin embargo, no he visto personas dependientes en los vídeos, ni me he sentido dependiente ni incapaz en las dinámicas. Es algo que el grupo de exposición ha conseguido trasladarnos muy bien. Capacidad de superación. Creo que ya lo he dicho anteriormente, pero no creo en las discapacidades. No creo en ellas. Creo que existe un mundo, un mundo real al que todos debemos enfrentarnos. Y cada uno posee unas herramientas concretas para afrontar la realidad y superar el día a día. Lo normal (por mayoritario, no por otra cosa) es que todos tengamos dos ojos y dos piernas, pero hay gente que no las tiene. Lo normal es que todos sepamos hablar, pero hay gente que no. O que no conoce el idioma. Lo lógico es que todos sepamos amar, pero hay gente que no puede. O perdonar. Es así de simple. Cada uno parte de su propia línea de salida, con lo que lleva puesto. Y por el camino corre como puede: a veces solo, a veces acompañado, a veces con una pierna, a veces con los ojos cerrados. Nadie es menos que nadie por no tener algo que otros sí tienen. Si una persona tuviera alas y supiera volar también lo llamaríamos discapacitado, seguro. Funcionamos así, desgraciadamente. Descubrimos que la piel de las personas puede ser negra o amarilla, y los llamamos animales, porque no son como esperamos que sean. Descubrimos que una mujer es capaz de curar una enfermedad con hierbas y la llamamos bruja. Descubrimos que dos hombres pueden amarse y los llamamos enfermos o inadaptados. Y a lo largo de toda la Historia nos hemos encargado de ir eliminando aquello que representa una amenaza para nuestra concepción cuadriculada o pre-establecida de la realidad. A Gandhi, porque demostró lo poderosa que es la paz, a Luther King, por el peligro que representa luchar por los ideales en los que se cree, a Jesús de Nazaret, porque supuso una figura histórica de ruptura con los esquemas marcados… Y después empezamos a marginar a los que, por ser diferentes a la mayoría, tenían que apañárselas para adaptarse y sobrevivir a su manera. A los ciegos, los sin techo, los cojos, los mancos, los sordomudos, a los mudos y a los sordos… A todos.
Por eso no creo en las discapacidades. Porque nadie es completamente capaz de todo, ni completamente incapaz de nada. Cada uno puede hacer lo que puede hacer, y punto. Lo que pasa es que a nosotros nos chirría que los demás no hagan las cosas igual que nosotros. Y ahí es donde está la verdadera discapacidad.

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