Con respecto a la charla de la profesional de “Anclaje”, quiero reflexionar sobre dos ideas:
La primera es la importancia de que la drogadicción se entienda como una enfermedad en la medida en que crea dependencia. Parece una verdad de Perogrullo, pero no debe serlo tanto ya que hasta la Ley 4/97 del 9 de Julio no se incorpora al listado de acciones de los Servicios Sociales. Este es un hecho, a mi parecer, bastante importante. Además, cuando se reconoce el alcohol y el tabaco como drogas, se avanza de forma significativa. El inconveniente que tiene este reconocimiento es que nos ha conducido a una obsesión por la droga que nos ha llevado a angustiarnos con todo: el café es una droga, los medicamentos son drogas, el chocolate es una droga (el comestible, digo), todos son drogas. Todo lo que afecta a nuestro sistema nervioso central pasa a ser una droga. Esto parece rozar lo absurdo, si es que no lo roza ya. Las fresas con nata son una droga también ¿no? Y el pollo a la pimienta que hace mi madre para cenar también. Es positivo preocuparse por la salud, pero es absurdo obsesionarse con ella (en realidad es absurdo obsesionarse con cualquier cosa).
La segunda idea sobre la que quiero reflexionar es sobre la fórmula de trabajo que se sigue en Anclaje. Me llamó mucho la atención la reacción que se produce en el cerebro de la persona durante el proceso de drogadicción – desintoxicación: Cuando comienza la drogadicción, el cerebro se habitúa a funcionar de una forma determinada. Con la deshabituación, se eliminan esos patrones de funcionamiento y se sustituyen por otros. Sin embargo, no caen en el olvido, ya que si se produjera la recaída, aparecerían de nuevo.
Sin embargo, no voy ahí, sino al método que la ponente señaló como el más eficaz de todos: los grupos de autoayuda. Es curioso, porque normalmente es el ambiente el que conduce al individuo al consumo. Y es irónico que sea el ambiente (otro distinto, claro), el que ayude al consumidor a abandonar la adicción.
Estamos empezando a darnos cuenta de la importancia de los grupos, de las relaciones con los demás, de la identidad colectiva. Vivimos tan acostumbrados a estar solos en medio de las grandes mareas de gentes que son las ciudades, que se nos olvidó lo valioso que es usar a los otros y dejarse usar por ellos. Creo que ésa es la clave de los grupos de autoayuda. Y no deja de sorprenderme.
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