miércoles, 9 de marzo de 2011

Mayores

La exposición del grupo de 3ª edad me hizo plantearme un debate personal, que me llevé a casa y arrastré durante días. Se decía en clase que algunas personas mayores se sentían solas, que no tenían quienes las cuidaran, ni quienes les dieran cariño. Se dijo también que en las residencias y hospitales, lógicamente, los médicos o los educadores/trabajadores sociales encargados de atenderlas no tenían tiempo para irse parando media hora en cada habitación a escuchar lo que cada uno de los mayores tenía que contarle.
Y yo veía una enorme incongruencia en todo esto. Quiero decir, si se ha detectado como una necesidad imperante el cubrir la afectividad de este colectivo en concreto (bien mediante el acompañamiento, la escucha o incluso las muestras de cariño físicas) ¿por qué nos empeñamos en no cubrirla? Sé que siempre andamos estrechos de presupuesto y que “contratar a una persona sólo para que dé besos” no es la solución. Sin embargo, yo voy más allá.  En todo el esquema del trabajo social (en sentido amplio del término), aprendemos a usar la afectividad de las personas: tiramos de los lazos de cohesión de los grupos, aprendemos a erigirnos como referentes conductuales de los menores a partir de una conexión socioafectiva, y mil ejemplos más. Y sin embargo, mantenemos la intervención o la ayuda en el campo de la afectividad al margen de todo. Está claro que las personas necesitamos establecer una serie de ligazones emocionales y relacionales con el resto de personas. Lo han dicho los TS, los ES, los psicólogos y los sociólogos. Y sin embargo, nadie mete la mano ahí.
Y ahí es donde entra mi propuesta de “línea de actuación”. Si queremos ofrecer un apoyo íntegro a las personas que lo necesiten, debemos cubrir también la parte afectivo-emocional. Porque va en la esencia de la persona. Sé que es complicado, que pinchar justo en ese nervio puede hacer saltar las críticas de todos los campos con los que trabajamos: es difícil no entrar a manipular ni condicionar la forma de sentir de la persona. Y además, puede crear un lazo tan fuerte que nos mantenga cogidos (y nada de implicación emocional, acordaron hace años los entendidos de nuestro trabajo). Podemos, si lo hacemos mal, incidir en la libertad de la persona, o crear dependencia de nuestra persona o nuestra relación. Y sin embargo, es necesario. Yo lo percibo como necesario.
Es complicado, y no hay dinero para ello. Pero así se empieza siempre, ¿no?

1 comentario:

  1. Se trata, en el fondo de que esas personas creen sus propias redes de apoyo emocional, no formar nosotros parte o ser esas redes. Se trata de apoyarles e intervenir para que esas redes se generen. Ahí radica la diferencia. Y si no hay recursos para servicios sociales, no los hay para nada de eso. Ya sabemos que no se empieza por ahí nunca la intervención, sino por otros lugares más "materiales". Buena entrada, Jose

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