Hoy es 8 de Marzo, Día de la Mujer. Mañana es 9 de Marzo, y no es el Día del Hombre. Ni pasado. Ni al otro.
Hoy ha llegado un profesor a clase y ha dicho “felicidades a todas las mujeres”. Me he quedado a cuadros. ¿Felicidades por ser mujer? ¿Volvemos a situar diferencias sociales en elementos incontrolables, como el sexo? Me sonó tanto a “felicidades por ser de raza aria” que no pude evitar reírme.
Estoy cansado de las políticas compensatorias. A ver si nos enteramos, que la igualdad no se logra pisando a nadie. Ni mujeres, ni hombres, ni perros. Que ya se nos contaron que uno de los dos era peor que el otro, y las mujeres escaparon fatal. ¿Ahora qué? ¿Al revés? Porque estoy hasta las narices de los discursos embristas, de que me digan que las mujeres sacan mejores notas que los hombres en la universidad, que somos terriblemente culpables por cobrar más que ellas en el mismo puesto de trabajo… Y así una larga lista. Llevamos con esas políticas compensatorias años, y no funcionan. Y nosotros (ellos y ellas) erre que erre.
Y esa es otra: el lenguaje sexista. Como si las palabras pudieran emitir juicios de valor. Me considero un amante de los libros y de todo lo relacionado con el arte de escribir y leer, y siento pena por el pobre lenguaje. Los y las salvajes y salvajas que esgrimen esos argumentos maníos sobre lo crucial que es decir “persona que practica deporte” en vez de “deportista”. Una de mis luchas personales es en pro de la igualdad. Pero por ahí no paso. El lenguaje está al servicio del hombre (y la mujer), y debemos usarlo como lo que es: una herramienta. A veces los elementos se vacían de contenido. Pasa con todo: con los elementos identitarios (como el flamenco), con los actos religiosos (casarse por la Iglesia), con las tradiciones… Con el lenguaje también. Y cuando yo digo hoy “azafata”, sé perfectamente que puede ser un chico o una chica, y para nada tengo esa imagen mental de “es azafata, así que es un puesto de trabajo para las mujeres”.
Que es hora de enterarse ya que dualizar y “hacer equipo” nunca fue bueno. No se trata de “ellas” y “ellos”. Se trata de personas.
Y que, como dije en clase, me siento casi obligado a tener que pedir perdón. Perdón por tener pene.
Tu entrada es muy buena pero, como ya vimos en clase, una cosa es la calle-realidad y otra las dinámicas establecidas desde la política-legislación-lo bien visto. Y en esto es inevitable cierta evolución pendular en cuanto a discriminación positiva. Tras miles de años de discriminación no pasa nada porque durante unas décadas exista una fuerte dinámica de discriminación positiva respecto a las mujeres. Según se normalice la convivencia y esos "datos" que marcan las tendencias a favor del hombre se igualen, las acciones de discrminación positiva deben ir moderándose. Yo seguro que no lo veo, pero tú seguramente sí. Jose
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