Las personas nacen con una serie de elementos genéticos que marcan la personalidad de cada individuo. Con respecto al alcance de dichas “marcas” genéticas se establecen numerosos debates. Hay características que son indiscutiblemente provocadas por dicha genética: una discapacidad mental, o una malformación física durante el desarrollo fetal… Sin embargo, existen otras características cuyo origen no es tan evidente. Por ejemplo, las personalidades violentas. O las personalidades pacíficas. La capacidad de liderazgo, o la incapacidad de ejercer el mismo.
Y al margen de esas predisposiciones genéticas, nos encontramos las que se generan por presión de la sociedad. Por instinto de supervivencia. Hay personas que desarrollan la capacidad de escucha y otras que no lo hacen. Cada persona desarrolla una serie de patrones conductuales y de personalidad que no tienen otra función que la de adaptar al sujeto al medio. Sin embargo, cada persona es un mundo. Cada patrón (de personalidad, conductual, afectivo-relacional, ético…) es único.
Yo, personalmente, entiendo que las personas son un constructo social que parte de una predisposición genética anterior. Mientras que el constructo social puede ser sometido a nuestra voluntad, el genético no. Sin embargo, la predisposición genética puede ser determinante o volverse irrelevante. Podemos cambiar. Es difícil, y no siempre se consigue, pero no es imposible. La personalidad que se construye a partir de las colisiones continuas contra la sociedad es muy maleable. No es fácil cambiarla, sin embargo, pero sí es bastante posible.
Una persona con un carácter violento por naturaleza normalmente desarrolla patrones conductuales violentos. Dichos patrones son difícilmente mutables. El sujeto debe cambiar la personalidad violenta, y los patrones relacionales adquiridos.
Sin embargo, un sujeto con un carácter pacífico por naturaleza que desarrolle una adicción alguna droga, debe superar la adicción, y cambiar la personalidad adquirida a partir de un reflejo social (si no existieran las drogas, no habría drogodependientes, por eso la característica es un reflejo de la sociedad en la que se inserta). Puede cambiar esa característica personal (que es la adicción). Dicha característica puede tener mucho peso, y resultarle dificilísimo abandonar el consumo de drogas, sin embargo, al no existir ninguna predisposición genética, el sujeto tiene más fácil lograr el cambio que la persona de la personalidad violenta.
Ambas son mutables, pero en planos diferentes. Por eso ciertas personas necesitan un trabajo más profundo que otras. Porque cada uno nacemos con unas características propias, y en un lugar y en una época que ejercerán un moldeamiento característico sobre nosotros. Pero todo podemos manejarlo nosotros. Con más o menos esfuerzo, pero todo es trabajable.
Efectivamente, veo que has asimilado bien la dicotomía entre las teorías genetistas y las ambientalistas aplicadas a la intervención social. Buena entrada, Jose
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