La adaptación es una de las fuerzas más voraces que todo ser vivo lleva dentro. Hasta el ser humano.
La vida nos da una serie de herramientas, y cada uno, con lo que puede, hace lo que puede como mejor sabe, para adaptarse.
Por ello, una persona que carezca de piernas, carece de esas herramientas para lograr la adaptación. Lo tiene más difícil que una persona que sí las tenga, pero lo que ambas quieren conseguir es la adaptación. La de las piernas parte de la “Base tres” (digámoslo así), y la que no tiene piernas parte de las “Base cero”. Pero ambas pretenden llegar al diez.
Ocurre lo mismo con los inteligentes y los torpes, o con los capaces de desarrollar una afectividad sana y los que desarrollan patrones afectivos posesivos o enfermizos. O con los guapos y los feos, o los fuertes y los débiles.
La genética nos regala algunas cosas, y sitúa otras fuera de nuestro alcance. Pero eso da igual. Porque en el fondo, todos tendemos a lo mismo: la adaptación. Sólo que algunos lo tienen más fácil, y otros deben dar un rodeo para conseguir lo que quieren.
Hay que tener cuidado al dar por supuesto que la adaptación es lo que se quiere. No siempre es así. ¿Tú quieres adaptarte? ¿A qué?
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