jueves, 14 de octubre de 2010

El porqué de la semilla...

Las personas son como las semillas. Me crié en el campo, y una de las primeras cosas que aprendí es la magia de las semillas. ¿Cómo una cosa tan pequeña e insignificante puede transformarse en un árbol? Los árboles parecen demasiado grandes y transcendentes como para haber brotado de una simple semilla. Y sin embargo, es así. De lo más minúsculo puede salir algo grandioso. Y eso puede aplicarse a las personas. Si se siembran en tierra fértil, se las riega con el agua adecuada y se abonan... Cambian. Al igual que las semillas saben cómo llegar a ser árboles, las personas guardan en lo profundo de sí la llave de su potencial. A veces se olvidan de esa llave, o la entierran bajo un montón de desesperanzas y sinsabores. Pero la llave sigue ahí. Como la semilla. Una semilla puede transformarse en un enorme árbol que de frutos, y cobijo a los pájaros, y más semillas... o simplemente puede permanecer vacía, redonda e inútil en el fondo de una caja oscura. Depende de cómo se la trate.
Una de las pocas convicciones profesionales que tengo fuertemente arraigada es ésa: la aprendí desde pequeño, mientras miraba los árboles en las tardes de verano. Las personas son como las semillas. Nuestro deber como profesionales es regarlas, abonarlas y encargarnos de que la tierra a su alrededor esté lo más fresca posible. Pero la llave del verdadero cambio la guarda la propia persona. Y con esa llave (inalcanzable para todos menos para uno mismo) se puede conseguir que una simple semilla se transforme en el árbol más hermoso del mundo.

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